Original

La trampa de elegir lo conocido frente a lo mejor

Hay una cosa curiosa que nos pasa a todos en el trabajo.

Somos animales de costumbres.

Y mucho más de lo que creemos.

Hace unas semanas empecé a utilizar una herramienta nueva. Mucho más potente, más rápida, más práctica y bastante mejor que la anterior. De esas que, cuando la pruebas, piensas:

“¿Cómo no he usado esto antes?”

Pues bien. ¿Sabéis qué sigo haciendo muchas veces?

Abrir la vieja.
Automáticamente.
Sin pensar.
Como quien entra en casa y deja las llaves siempre en el mismo sitio sin mirar.

Y eso que la nueva funciona mejor.
Y eso que la vieja ya se me queda corta.
Y eso que racionalmente sé perfectamente cuál debería usar.

Pero el cerebro va por libre muchas veces.

Va por el camino conocido.

Por el carril de siempre.
Por el botón de siempre.
Por la rutina de años.

Y me hace gracia porque esto no solo pasa con herramientas. Pasa con TODO en las empresas.

Con proveedores.
Con regalos de empresa.
Con procesos internos.
Con formas de vender.
Con reuniones absurdas que nadie sabe ya por qué existen.
Con “esto siempre se ha hecho así”.

Y ojo, que la costumbre tiene algo bueno: nos ahorra energía mental.

El problema viene cuando dejamos de cuestionar si seguimos usando algo porque funciona… o simplemente porque nos hemos acostumbrado.

Ahí está la trampa.

Porque muchas veces no elegimos lo mejor.

Elegimos lo conocido.

Y en merchandising pasa muchísimo.

La taza.
El boli.
La libreta.
El USB que lleva sobreviviendo desde 2009 como si fuese patrimonio nacional.

No porque sea lo que más ilusión hace.
Ni lo que más impacto genera.
Ni lo que más recuerda la gente.

Sino porque “siempre se ha pedido eso”.

Y claro… cambiar obliga a pensar.
A comparar.
A salir del automático.

Da un poco de pereza, sí.

Pero también es donde empiezan las buenas ideas.

A mí me está pasando con esta herramienta nueva.

Cada vez que me doy cuenta de que he abierto la antigua, cierro y cambio a la nueva.

Y poco a poco el cerebro empieza a hacer un clic distinto.

Supongo que cambiar hábitos no va de hacerlo perfecto desde el día uno.

Va más de pillarte en automático… y corregir el rumbo.
Otra vez.
Y otra.

Hasta que lo nuevo deja de sentirse nuevo.

Y pasa a formar parte de ti.

Aunque durante un tiempo sigas actuando buscando el botón de siempre mientras tienes delante algo diez veces mejor 😂